
Ella sentía ke vivía en un mundo al revés. Era una pieza de un puzzle ke no encajaba en ninguna eskina. No encontraba la pieza ke le faltaba para ke se completara el rompecabezas de su vida.
A veces se miraba en el espejo de su cuarto cuando se sentía demasiado sola. Le daban ganas de pegar un puñetado en el centro del cristal y ke saltase en mil cachitos cubiertos de sangre. No soportaba ver su imagen reflejada. Odiaba su aspecto exterior, pero aún odiaba más su interior, pues por su culpa nunca encontraría la felicidad en este mundo tan extraño.
Una noche se sentó en una silla enfrente de su gran espejo. Podía ver como las lágrimas salían de sus ojos y rodaban por sus mejillas sin ke una mano cariñosa se las secase. Estaba tan sola ke pudo oírse a sí misma preguntando en voz alta: "¿Kién soy?" En ese momento, vió como los ojos del reflejo de su espejo brillasen de una manera especial, no por el efecto de las lágrimas.
Sorprendida, se acercó un poco más al brillante cristal. Tenía la boca entreabierta de la curiosidad, con lo cuál no le costó volver a preguntar: "¿Kién está ahí?" Más su sorpresa aumentó en una milésima de segundo al escuchar ke no había escuchado sólo su voz. Una segunda voz, más grave ke la suya, había preguntado al mismo tiempo. Cada vez más asustada, pero a la vez muerta de curiosidad, acercó sus ojos al reflejo del espejo. Entonces comprendió ke no se estaba mirando sus ojos, sino ke se los estaban mirando.
Ya no sentía miedo, ni sorpresa, ni curiosidad. Ya no tenía los pies helados, y sus lágrimas se habían secado. Extrañamente se estaba sintiendo más arropada ke nunca. Una luz cálida iluminaba su, hasta ese momento, oscura habitación. Seguía mirando akellos ojos exactamente iguales a los suyos, pero ke no eran los suyos. Miró el resto de la imagen reflejada y vió ke no era una chica la ke allí estaba, sino un chico. Se parecía mucho a ella, pero no era ella. Y a la vez lo encontraba tan cercano como a sí misma. él también la miraba, y su expresión era muy distinta a la indiferencia con la ke la escrutaba la gente de su alrededor. Él parecía ke estaba viendo por primera vez una noche estrellada, sus ojos tenían la facultad de trankilizarla. Primero la trankilizó, luego ella se dió cuenta de lo ke significaba esa mirada: era amor.
Entonces la voz del chico atravesó el duro cristal. "¿No lo entiendes? Soy la pieza ke estabas buscando. Yo también te estaba buscando. Eres yo mismo, mi alma gemela." Los labios de ella kisieron fundirse con los de la imagen, pero sólo rozaron el vidrio del espejo. Ella dijo: "¿Ké puedo hacer para estar contigo?" Él no supo responderle al instante, pero finalmente contestó: "Debemos estar los dos del mismo lado." Sin pensárselo dos veces, ella comenzó a pegar puñetazos al cristal ke los separaba. Mientras, él hacía lo mismo con un palo. Los pedazos de cristal saltaban entodas direcciones, provocando un estruendo. A la vez, millones de minúsculas gotitas de sangre de sus nudillos salpicaban la habitación. Comenzaba a no poder resistir el dolor, así pues golpeó el cristal con cualkier parte de su cuerpo: codos, rodillas, pies, incluso con su cara. Al otro lado, su imagen persistía en romper el cristal, pero paró para decirle ke parase, ke se estaba haciendo mucho daño. Ella no paró. Comparado con su vida solitaria y gris, estos cortes no eran nada. Sólo kería pasar al otro lado. Pero extenuada y chorreando sangre, se sentó a los pies del espejo y le pidió a su imagen ke terminase de romperlo. El chico, del otro lado, dió unos cuantos golpes más y el espejo terminó por reducirse a polvo.
La encontraron al día siguiente, muerta. Se había desangrado durante la noche. No mucha gente se entristeció por ella, pero los ke sí lo hicieron no tenían por ké. Al final, ella ya estaba al otro lado del espejo.